viernes, 15 de octubre de 2021

Aviones

 


Una lengua roja veteada de grises enciende el cielo de la mañana. En las ciudades acosadas por los edificios, el cielo es una forma de esperanza. Este fin de semana lo cruzarán casi trescientos vuelos (140 diarios). El concejal de hábitat urbano, cultura y turismo ha lanzado una nueva etiqueta para dar cabida a toda esta locura: “Inteligencia turística”. Con la “inteligencia turística”, según la página del Ministerio de industria, comercio y turismo, “se pretende promover el desarrollo de herramientas tecnológicas y sensores, metodologías y acceso a datos procedentes de diferentes fuentes de información, públicas y privadas, para un mejor conocimiento y medición de los flujos turísticos en destino”. Vuelve la máquina y la inteligencia artificial a medir, lo cual solo nos puede llevar al conocimiento superfluo de un fenómeno (el turismo) que se mide al peso. El “Big Data” se aplica para sacar el máximo rendimiento a algo. Sacar el máximo rendimiento a una ciudad es aniquilarla por desgaste, como una vaca a la que se le extrajera a todas horas leche.

Recuerden que este fin de semana andarán por las calles de Sevilla unos 50.000 turistas a los que habrá que alojar, dar de comer y ofrecerles planes de todo tipo. La nueva Babilonia nos expulsa por el llamado “efecto de la lata de mortadela” (al que ya le dedicaremos algunas líneas): empuja por abajo que ya saldrán por arriba. De momento, la ampliación del campo de batalla está en los ángulos muertos de la ciudad (ahora se quiere revitalizar la Isla de la Cartuja para llevar hasta allí a los visitantes).

 El vuelo de los aviones ofusca los ojos de los poetas. Añoro el cielo límpido de otros tiempos. El de ahora no deja de ser una autopista. Suerte a los que se aventuren a bajar a la ciudad porque de ellos será el reino de los cielos.

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