miércoles, 28 de noviembre de 2012

A perfect day



Abandoné el hogar esta mañana a las 7.12. En la primera rotonda que bordeé, un ciervo de proporciones fabulosas pastaba el perlado rocío de la noche. El ayuntamiento del lugar que habito ha comenzado a colocar la tramoya navideña con, para mí, el extraño marbete de lo “enigmático doméstico”. ¿Qué hará ahí ese animal y por qué convivimos con este tipo de decoración sin plantearnos que el mundo decembrino es extraño y falaz? Power y la música mana de la radio. La casualidad no existe; por lo tanto, que suene el Concierto de Navidad de Corelli, cuando aún pienso en la fantasmal figura del ciervo, es un vestigio de que la beldad del mundo me asaltará en cuanto baje del coche. Un rumor que campa por las calles todavía vacías de un cerebro recientemente reactivado me agita.

La carretera que me lleva al tajo tiene hoy la inmensa compañía de una luna llena. Recuerdo a ese joven muchacho que un día en clase me preguntó con una inocencia impropia de sus 17 años que por qué la luna le seguía en la noche cuando iba en la moto y dejaba de hacerlo cuando paraba. Nunca supe qué responder (la óptica es una mis grandes lagunas). Suena ahora “Una barca en el océano” de Ravel y entonces todo muta: el acero del asfalto, la nimbada luz de los autos, el brío matinal de la helada; todo, absolutamente todo, es contundente y procaz. No hay nada como romper el velo que nos lleva del sueño a la vigilia con la sensación de que el ritmo con el que la mañana tocará el piano es el mismo que perfila tu sombra.

Ahora casi puedo decirlo. El día fue un custodio de buen agüero. El regalo vespertino lo puso mi difunto amigo Vladimir Nabokov. Acabé de leer, con el sabor a la hierbabuena del té que acompañó las veinte últimas páginas, Cosas transparentes, una nouvelle que crece a medida que uno se acerca al punto y final. Hay un milagro que difícilmente es superable por otros medios. La literatura, amigos míos, es un refugio extraño. Busquen la triada efervescente: bello-bueno-verdadero. Así no habrá nada que pueda con ustedes. Salud e imaginación.

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