martes, 25 de junio de 2013

Para que no se me olvide.



Hoy una joven llegó a por sus calificaciones sola. Una breve nota firmada por su madre le daba la venia para recoger el boletín. Se acompañaba de una bolsa roja tapizada de fotos de Marilyn en poses sensuales. La bolsa guardaba una caja de bombones y una nota. La joven, ante mi llamada de atención acerca de la belleza de la actriz, me dijo que la había comprado para mí y que contenía algo que yo me había ganado por mi atención hacia ella y sus compañeros. A continuación rompió a llorar. "Lo siento; es que todo esto me parece muy bonito, muy emocionante". La adolescencia no conoce la doblez emocional. Cuando se llora, se hace con una contundencia que nos deja helados a los que abandonamos esos campos abonados con las flores de los sentimientos hace años. 

Me pregunto qué queda después de todo esto en las arcas de la memoria. La joven Paula crecerá y tal vez recuerde con cariño esta tarde calurosa de verano en un aula donde ejerció su derecho a sentir sin ataduras, mientras unos bombones se derretían como se derretirá esta misma tarde bajo el contumaz efecto del olvido. He besado con un agradecimiento infinito a esta chica que me ha regalado la certeza de que merece la pena el riesgo de trabajar en estas granjas de formación humana. Lo escribo para que no se me olvide. Perdónenme el atrevimiento. 

4 comentarios:

  1. Los profesores y profesoras que nos marcan en la vida, por lo que nos enseñan, por sus clases, por lo que sea, no se olvidan. Siempre permanece un recuerdo guardado con cariño de aquéllo que nos enseñó.
    Te lo digo yo, que después de 12 años sigo recordando con cariño tus clases y las excursiones que hicimos, con 14 y 15 revoltosos años.
    Un fuerte abrazo Manolo.

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  2. Eso, querido amigo, sucede porque las cosas que uno hace con el corazón nunca son en vano.

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  3. Emocionante, amigo. Enhorabuena por tu labor. Abrazo

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