miércoles, 13 de abril de 2011

La mitad de la vida

R. se sincera en el café. Ha colocado sus Ray Ban frente a él, un espejo doble en el que se reparten dos historias paralelas. Desde el rompeolas de la cuarentena, R. contempla el adensamiento de la vida con la nostalgia del amor y el deseo juveniles. La relación sentimental con su pareja presenta el rítmico y monótono sonido de una fábrica de montaje, sin parones, a veces incluso propiciando huelgas a la japonesa (viajes, cenas, cines, spas, botellas de vino y casas rurales). R. ha soñado esta noche bajo los efectos de los inoportunos calores de abril y el recuerdo de la joven S., con quien comparte jornada laboral. En la escena ambos atraviesan la consabida puerta freudiana para yacer en un tálamo de amor iluminados por la luz blanca que dribla a los visillos: lúbricos primeros planos, una conversación susurrada al oído y la exploración táctil de una piel que lleva la mitad que R. recibiendo los beneficios salinos de veinte veranos.

La vigilia abisma los cuerpos de esta historia. R. apura el café. Me mira un tanto avergonzado después de estas confidencias. "No volveré a ser joven", me recita el rapsoda que surfea sobre mi corriente de pensamiento. La carne es contestataria y mezquina a la vez cuando se arroja a los brazos de cuerpos más jovenes. Me quedo con tres versos de John Donne: "Ve y coge una estrella fugaz; fecunda a la raíz de mandrágora; dime dónde está el pasado". Pues eso.

1 comentario:

  1. Mmmmm... leo esta historia y me suena a conocida, puede ser? te dejo una cita de John Donne

    "Algunos que más hondo que yo en la mina del amor han excavado/
    dicen dónde se halla su céntrica felicidad."

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